2021: una nueva oportunidad para los ODS

Llevamos pocos días de 2021, un año que comienza en pleno pico mundial de la pandemia de COVID-19 y con la incertidumbre de saber cómo evolucionará la crisis sanitaria, y las crisis económicas y educativas asociadas a ella, ahora que la vacunación está comenzando. Otro reto que se presenta, sobre todo para los países más desfavorecidos, es lograr la inmunización de su población, consiguiendo la cobertura de las vacunas para toda la población mundial.

Sin embargo, tampoco podemos olvidar las grandes metas a medio plazo. En 2020 se cumplieron cinco años de la adopción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. A la agenda de desarrollo sostenible todavía le quedan nueve años para conseguir el cumplimiento de estos objetivos a nivel global, pero la crisis que estamos viviendo hace aún más difícil el progreso de los ODS, lo que afecta en mayor medida a las personas más pobres y vulnerables del planeta.

En palabras de António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas: “Los esfuerzos mundiales llevados a cabo hasta la fecha han sido insuficientes para lograr el cambio que necesitamos, lo que pone en riesgo el compromiso de la Agenda con las generaciones actuales y futuras. Ahora, debido a la COVID-19, una crisis sanitaria, económica y social sin precedentes amenaza vidas y medios de subsistencia, lo que dificulta aún más la consecución de los Objetivos.”

En su Informe anual sobre los progresos en el cumplimiento de los 17 Objetivos (disponible aquí en inglés), la ONU confirma que las personas más vulnerables (niños, ancianos, discapacitados, migrantes y refugiados) son las más gravemente afectadas por la pandemia, así como las mujeres, que también están sufriendo sus peores consecuencias. Fijándonos en objetivos concretos:

 

Los cierres de las escuelas afectaron al 90 % de los estudiantes de todo el mundo (1.570 millones). Dada la falta de acceso a ordenadores y a Internet en casa, el aprendizaje remoto queda fuera del alcance de muchos. La UNESCO advierte de que el déficit de financiación para alcanzar el ODS4 en los países más pobres podría aumentar a 200.000 millones anuales a causa del COVID-19.

 

 

Se estima que aproximadamente 71 millones de personas volvieron a caer en la extrema pobreza en 2020, lo que supondría el primer aumento de la pobreza mundial desde 1998. La pérdida de ingresos, la limitada protección social y el incremento de los precios podrían poner en riesgo de pobreza y hambre incluso a personas que anteriormente estaban a salvo. En cuanto a la población infantil, se estima que entre 42 y 66 millones de niños podrían caer en la pobreza extrema como resultado de la crisis, lo que se suma a los 386 millones de niños que ya estaban en la pobreza extrema en 2019.

 

 

El parón escolar ha provocado que más de 370 millones de niños de escuela primaria se salten comidas escolares de las que dependen. En los hogares más pobres, la pérdida de este beneficio tiene un impacto negativo en los ingresos y la seguridad alimentaria. Niños y niñas corren el riesgo de perder la protección de vitaminas y micronutrientes fundamentales que recibían de las comidas escolares.

 

 

 

Los más de 1.000 millones de residentes de barrios marginales de todo el mundo están en grave situación de riesgo sanitario por la falta de agua corriente en las viviendas, los baños compartidos, la escasez o ausencia de sistemas de gestión de residuos y el acceso limitado a los centros de salud. Además, alrededor de 70 países notificaron interrupciones, o la suspensión total, de los servicios de vacunación infantil durante los meses de marzo y abril de 2020.

 

 

 

El subempleo y desempleo derivados de la crisis implican que aproximadamente 1.600 millones de trabajadores ya vulnerables en la economía sumergida se vean considerablemente afectados, con un descenso estimado de sus ingresos del 60 % durante el primer mes de la crisis. A medida que más familias caen en la extrema pobreza, los niños de las comunidades pobres y desfavorecidas corren un riesgo mucho mayor de verse involucrados en el trabajo infantil. De hecho, es probable que los progresos logrados a nivel mundial en la reducción del trabajo infantil se vean invertidos por primera vez en 20 años.

 

 

Sin embargo, a pesar del evidente retroceso experimentado el año pasado, desde Global Humanitaria pensamos que la crisis planteada por la pandemia global del COVID-19 no puede ser una excusa para el cumplimiento de los ODS, tal y como fueron planteados ya en 2015. Este 2021 puede, y debe, ser el año de la recuperación y de una apuesta decidida de todos los gobernantes para garantizar el avance hacia un mundo más justo e igualitario.