Desnutrición y pobreza: el freno al desarrollo de Guatemala

Guatemala es un país de renta media que presenta un crecimiento anual del PIB del 3%. Sin embargo, la desigualdad va en aumento, y las comunidades rurales a indígenas se llevan la peor parte. El hambre, la pobreza, la desnutrición infantil y el analfabetismo azotan a estos pueblos, alimentando el ciclo de la pobreza.

Gran parte de la población rural de Guatemala sobrevive con la agricultura. Y decimos sobrevive, porque la sequía y las lluvias torrenciales, consecuencia del cambio climático, están provocando una escasez enorme de alimentos.

El bajo rendimiento de las cosechas afecta también al empleo de los jornaleros, que no cobran cuando no trabajan. Así, los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística revelan que en 2014 el 23,4% de la población era extremadamente pobre y no era capaz de pagar una canasta básica de alimentos para dar de comer a su familia.

Desnutrición infantil en Guatemala

Estas comunidades, especialmente las indígenas, sufren de una de las mayores tasas de desnutrición del país, y sobre todo, afecta a los más vulnerables, que son los niños. A mitad de año, el Ministerio de Salud Pública ha detectado un aumento de los casos de desnutrición aguda en niños de 0 a 5 años, situación que no se daba desde 2014. Este tipo de malnutrición, es muy peligrosa porque puede provocar la muerte y ha aumentado hasta el 107% en áreas como Petén, Quiché y Zacapa.

Además, la falta de nutrientes en la infancia, genera desnutrición crónica, que afecta a más del 45% de los niños, y provoca retraso en el crecimiento. Pero esta es sólo la forma que tiene de dar la cara, porque la desnutrición crónica, afecta a las defensas, haciendo a la persona más vulnerable a cualquier enfermedad. El bajo peso de las madres aumenta el riesgo de muerte en el parto, y también afecta al desarrollo cognitivo, provocando un bajo rendimiento escolar, haciendo más probable el abandono prematuro, y afectando a las opciones de futuro de la persona. La desnutrición crónica, provocada por la pobreza, alimenta el ciclo de la pobreza, frenando el desarrollo.

El censo de 2018 revela que más del 50% de la población cocina con leña, y no tiene acceso fácil a agua potable. Un 37% no dispone de saneamiento y las medidas de higiene son muy deficientes. En estas condiciones, la probabilidad de tener diarrea gripe o neumonía es alta, y estas enfermedades, unidas a la desnutrición, ponen a la población infantil en un riesgo grande para la salud.

La labor de detección, de asistencia, y cooperación que hacemos las ONG supone una ayuda para la población más afectada, pero sin duda la solución a largo plazo pasa por que el Gobierno refuerce la asistencia médica y la lucha por la desnutrición.

Imagen: Global Humanitaria