Educación y salud, una ecuación difícil de resolver para menores refugiados en Jordania

A punto de cumplirse 10 años de guerra en Siria, según ACNUR, 5,6 millones de personas refugiadas han tenido que desplazarse a países vecinos como Turquía, Líbano, Jordania, Irak o Egipto en busca de un lugar más seguro en el que vivir.

Jordania es uno de los países que más personas refugiadas sirias ha acogido desde el principio del conflicto. Alberga, según esta entidad, 650.000 refugiados sirios. Cifra que el gobierno jordano duplica, llegando a hablar de1,2 millones de personas.

Viven en asentamientos o en pequeños pisos compartidos con varias familias, y el 93% lo hacen bajo el umbral de la pobreza. Gran parte de ellos no tienen trabajo o tienen un empleo de temporada. Ahora, el coronavirus, pone en riesgo las escasas oportunidades con las que cuentan, como el acceso a la educación de miles de niños.

Rami Alkurdi, director de Al Mahd for Training and Social Development, la contraparte con la que trabajamos en Jordania, nos explica cómo el coronavirus ha afectado aún más a la educación de estos menores: “El rendimiento de los niños con los que trabajamos ha bajado mucho durante la pandemia del coronavirus. Los colegios han estado cerrados durante un año y han adaptado la educación online, que no era algo factible para ellos”.

Ante un escenario ya de por sí difícil, especialmente para los menores vulnerables, el COVID-19 ha complicado la realidad de estas familias, quienes han visto cancelada la entrada de ingresos y han encontrado muchas barreras a la hora de acceder a los recursos necesarios para protegerse contra el coronavirus.

La educación de los niños y niñas sirias es una prioridad

Uno de los proyectos que llevamos a cabo en Jordania, donde trabajamos desde hace más de 6 años, es un programa de apoyo educativo para menores que, aunque se encuentran dentro del sistema educativo jordano, necesitan refuerzo en algunas asignaturas.

Detectamos que estos menores tenían un nivel educativo muy bajo debido a sus circunstancias, por lo que desarrollamos un proyecto que les ayudara a reforzar sus conocimientos en determinadas materias, para que no abandonaran la escuela y así evitar matrimonios precoces y situaciones de trabajo infantil.

Hemos seguido trabajando en las clases de refuerzo limitando el número de asistentes e incrementando el número de clases a impartir, atendiendo a las medidas preventivas de seguridad e higiene. Sin embargo, nos hemos dado cuenta de que estos menores tienen dificultades para acceder a mascarillas.

Los menores refugiados necesitan mascarillas

La situación educativa de los niños y niñas refugiadas se ha visto sustancialmente afectada durante el confinamiento y nos preocupa que la falta de mascarillas la agrave aún más.

Por este motivo, hemos puesto en marcha una campaña para entregar 2.000 mascarillas reutilizables a menores refugiados sirios de cuatro escuelas de Madaba, en Jordania. El objetivo es certificar la seguridad de los niños y sus familias y que puedan seguir estudiando en condiciones óptimas.

La entrega de mascarillas a estos menores nos ayudará a asegurarnos de que pueden ir a la escuela en condiciones de seguridad para ellos y sus familias, sin peligro de convertirse en agentes transmisores del virus.  Puedes colaborar con la campaña aquí: www.globalhumanitaria.org