Informados o intoxicados (2)

“Esto es todo lo que necesitas saber sobre los payasos diabólicos en España”, “11 cosas que duraron menos tiempo que España sin Gobierno”, “La gente está enloqueciendo con este vídeo de una araña comiéndose un ratón”… ¿Te suena haber visto titulares como estos mientras intentabas informarte?

La llamada buzzfeedización consiste en eso. En llenar la cabeza de contenidos inútiles que luego nuestro cerebro recordará desechando otra información que sí puede ser útil. Y en hacerlo mediante prácticas que poco o nada tienen que ver con el periodismo, como el uso de titulares cebo para atraer la atención de los lectores.

Porque el entretenimiento gana en las preferencias de los lectores. Tal como recoge un artículo de Cristina Pereda, el lector ha ganado poder de influencia sobre los contenidos que publican los medios, empujados por la competencia informativa, la reducción de ingresos por publicidad y en la dificultad para retener una audiencia cada vez más dispersa.

Información: ¿mercancía o instrumento cívico?

El papel de los medios como instrumentos para controlar y evaluar al poder, y como foro de debate para dar voz a las preocupaciones públicas, ha sido reconocido por organismos internacionales como la UNESCO. Pero, ¿qué pasa cuando la ciudadanía no está preparada ni dispuesta a discutir estos temas? ¿por qué esta falta de interés en la información relacionada con los asuntos públicos?

Ignacio Ramonet, el director de Le Monde Diplomathique considera que  hoy en día “la información es, ante todo, una mercancía y, en tanto que tal, está sometida a las leyes del mercado, de la oferta y la demanda, y no a otras leyes como, por ejemplo, los criterios cívicos o éticos”.

Resulta razonable pensar, como sostienen periodistas como Pascual Serrano, que “el modelo social que se desarrolla con nuestros sistemas educativos, culturales y de consumo es el de volvernos analfabetos a los ciudadanos“. Ésta es también la opinión de filósofos como José Luis Sampedro.

Advertía Antonio Fraguas en lamarea.com que “la información ha muerto por saturación y ha perdido efectividad. Por eso, las grandes exclusivas periodísticas, los grandes discursos, las grandes narraciones modernas, son flor de un día y no generan cambio”.

Ya explicamos en un post anterior que las noticias por si solas no explican nada: Si las noticias se nos ofrecen y las consumimos centradas en el suceso de mayor impacto, sin contexto y en competencia con otros contenidos de entretenimiento, son las mismas noticias las que nos inducen al error de forma sistemática.  La tendencia a formarnos opiniones a partir de conocimientos superficiales nos convierte en blanco fácil de manipulación por parte de quienes sí conocen las causas y el contexto de una noticia, pero nos quieren ofrecer su versión.

La precarización de las plantillas de los medios y la competencia por lograr más visitas y más publicidad lleva a  dos soluciones principales. Como todos los medios están contando lo mismo, para diferenciarse, unos apuestan por entretener, y hacer las noticias más amenas, y otros por contextualizar, haciendo inteligible la complejidad en que vivimos”, explica Serrano.

La necesidad de medios independientes

Frente a la tendencia al entretenimiento o a la información devaluada, han surgido en los últimos años, al amparo del periodismo digital, medios que reivindican la función social del periodismo y el concepto de servicio público al ciudadano y no a los intereses económicos o políticos particulares.

Los llamados medios independientes lo son porque no dependen de ninguno de los grandes grupos de comunicación ni, principalmente, de la publicidad, y porque cuentan como principal sostén con el apoyo de sus propios lectores. Son medios, por tanto, frente a los cuales es necesaria una opción personal, y responder a la pregunta ¿Qué aspiramos a saber?, y sobre todo, ¿para qué queremos saber y qué estamos dispuestos a hacer con ello?

—-

Imagen: ClickBaiting by Bloeise en Flickr