La concentración de la tierra, clave del conflicto colombiano

Natalia Springer, experta en derecho humanitario, ha sido asesora para los acuerdos de paz en Sierra Leona, Bosnia-Herzegovina, Irlanda del Norte o Angola, entre otros países. En tiempos en los que aparentemente podría consolidarse un diálogo hacia la paz en Colombia, Springer aporta a nuestro blog una mirada crítica sobre un conflicto armado interno que se ha cobrado miles de vidas y ha provocado el desplazamiento de millones de personas.

Prefiero hablar de múltiples conflictos, de dinámicas violentas de carácter crónico y persistente. Para dar dos ejemplos, en el sur del país, las comunidades y la movilidad social están fuertemente reguladas por la producción de coca y la necesidad de mantener los corredores para sacarla. En la zona del Catatumbo [nordeste del país], los conflictos por las regalías petroleras, se suman al comercio y tráfico de grandes volúmenes de droga en el marco de una frontera -con Venezuela- muy porosa y conflictiva”. (…)

“Si tuviéramos que hablar de las grandes causas del conflicto, podemos distinguir, entre otras, la excesiva concentración de la tierra cultivable en pocas manos (0,03 % de los propietarios concentran más del 95% de la tierra), concentración que consolidaron los paramilitares por la vía de una contrarreforma agraria que emprendieron a sangre y fuego para apoderarse de 5 millones de hectáreas de las mejores tierras del país; el narcotráfico y la pobreza extrema, que afecta a más del 46% de la población, condición que ha pasado de ser consecuencia a convertirse en uno de los móviles del conflicto”.(…)
“La marginalidad y la exclusión son dos factores que asocian las distintas dinámicas regionales y hacen del colombiano un caso persistente y crónico. Mientras no se desconcentre la tierra y se trabaje sistemáticamente en la promoción del desarrollo, será imposible superarlo.

La clave de la paz está en la desmovilización de los combatientes, la atención de todas las víctimas y el desarrollo de una política de Estado en materia de justicia que nos obligue a hacer un diagnóstico realista de lo que pasó, por qué pasó, quiénes son los responsables y los beneficiarios de esa violencia y cómo garantizar que no vuelva a repetirse. Yo empezaría por la instauración de una Comisión de la Verdad y de un Tribunal especial. En manos de la justicia está la respuesta”.