El impacto de la producción y el poder del consumidor

Entrevista a Laura Villadiego, periodista y cofundadora de Carro de combate. Parte II

Continuamos con la entrevista que hicimos a Laura Villadiego, cofundadora de Carro de Combate, proyecto que le ha permitido indagar sobre el impacto social y medioambiental de los productos que consumimos. Centramos esta segunda parte en cuestiones concretas sobre la producción, la cadena de distribución y algunos sectores. ¡No te lo pierdas!

¿El consumo excesivo de recursos, y el modelo de producción masiva, agrava la situación de los países más pobres?

Agrava la situación de los más pobres, en general, estén en el país en el que estén. Fenómenos como el cambio climático y la degradación del entorno son globales y aunque tengan un impacto mayor en ciertas partes del mundo, nos afectan a todos. Y los pobres son los que tienen menos capacidad para adaptarse a esos cambios extremos.

¿Cómo es posible comprar frutas y verduras producidas en otro continente, a un precio más barato que las de producción local? ¿Qué hay detrás de esos precios tan reducidos?

Generalmente, lo que hay detrás son regulaciones laborales y medioambientales mucho más laxas que hacen que el coste de producción sea – de forma irreal – más barato. Pero también hay muchos subsidios al transporte.

¿Es posible crear un sistema de producción sostenible que anteponga los derechos laborales y la dignidad de las personas sin poner en peligro el abastecimiento para todos?

Debería ser posible, pero no creo que ocurra si no acortamos las cadenas de producción y damos prioridad a los productos más cercanos. Si se respetan los derechos laborales, sociales y se reduce el impacto medioambiental, terminará teniendo más sentido, también en términos de precio, producir más cerca.

La FAO indica que 1/3 de los alimentos que se producen en el mundo acaban desperdiciándose. ¿Qué mecanismos crees que son necesarios para aprovechar mejor los recursos? ¿Qué podemos hacer como consumidores responsables?

El problema del desperdicio alimentario es complejo e implica a muchos actores. Sin embargo, como consumidores, se pueden hacer muchas cosas: comprar en cantidades pequeñas y más a menudo, utilizar aplicaciones para saber qué se tiene en el frigorífico o despensa y cuándo va a caducar, o informarse sobre las propiedades de la comida que compramos, sus fechas de caducidad o sus cualidades independientemente del aspecto que tengan, como, por ejemplo, en el caso de las frutas y verduras.

A pesar de la información que tenemos, cada habitante español genera 1,4 Kg de residuos al día, y de momento sólo reciclamos el 29%. ¿Podemos hacerlo mejor?

Por supuesto. Muchos de los residuos que generamos son, por ejemplo, envases, pero cada vez hay más alternativas para comprar a granel y reutilizarlos. Y, como comentaba antes, hay también muchas cosas de un solo uso que no necesitamos.

A quién es más difícil concienciar, ¿a la industria o al consumidor?

La concienciación de la industria generalmente llega tras la concienciación del consumidor. Aunque a veces la industria reacciona antes de que la concienciación del consumidor sea plena, generalmente lo hace en previsión a los impactos que ésta pueda tener. Ambas van ligadas.

La FAO estima que la producción agrícola debe aumentar en un 60% para 2050 con el fin de alimentar a una población mayor. ¿Es viable aumentar así la producción desde el punto de vista de la sostenibilidad?

Esto va a depender mucho del modelo alimentario que tengamos. Probablemente lo más sensato sería cambiarlo a un modelo en el que hay una mayor proporción de verduras y frutas, y menos productos de origen animal y procesados. Y ese modelo requiere de menos recursos y es además más sano.

La ganadería es responsable de 1/3 de los gases de efecto invernadero. ¿Sería recomendable que como consumidores redujéramos el consumo de productos de origen animal? ¿En qué medida afectaría al empleo en el sector?

Como decía antes, sí, sería conveniente, pero también desde el punto de vista de la salud. Con respecto a los empleos, estos procesos no se pueden analizar de forma aislada. Los movimientos en unas industrias producen movimientos en otras y aunque se destruyan empleos en un sector, es probable que se creen en otros. No tiene sentido mantener industrias sólo porque proporcionan empleos si sabemos que tienen muchos otros impactos negativos asociados. Pero en lo que estamos fallando es en hacer que estas transiciones sean menos traumáticas para los trabajadores que pierden esos empleos y en asegurarnos que puedan reincorporarse a otros empleos de forma más sencilla.