Recordamos a Nath, superviviente del genocidio camboyano

El pintor Vann Nath (1946-2011) fue uno de los siete supervivientes del centro jemer de detención y tortura S-21, donde fueron asesinadas más de 14.000 personas durante el régimen liderado en Camboya por Pol Pot, entre 1975 y 1979. A un año de la muerte de Nath, recordamos la conversación que mantuvimos con él en Phnom Penh sobre el genocidio camboyano.

El realismo de los cuadros de Vann Nath recorre las desoladoras salas del Museo del Genocidio en Phnom Penh, antes ocupado por el centro de detención Tuol Sleng, conocido como S-21. Las diminutas celdas y los instrumentos de tortura permanecen intactos junto a la obra de Nath, quien regresó al sitio para pintar el calvario vivido en propia piel al cabo de pocos meses de haber escapado y salvado la vida.

“La primera vez que llegué allí, en 1980, casi no me atreví a entrar, porque no podía olvidar las cosas que habían pasado. Recuerdo a muchas personas, sólo huesos cubiertos de piel, otros que eran recogidos en un camión para ser lanzados quién sabe dónde o trasladados para ser interrogados; algunos iban con la cara cubierta y las manos atadas a la espalda…otros con heridas en casi todo el cuerpo ensangrentado por los golpes que les asestaban. Esas imágenes nos persiguen y están en nuestra mente siempre”, relataba el pintor.

“Muchas veces esto hace que olvidemos si vivimos en el pasado o el presente. A veces cuando entramos al lugar parece que todavía somos prisioneros y permanecemos atados, incapaces de movernos”.

Nath fue arrestado en 1977 en su provincia, Battambang, donde cultivaba la tierra y pintaba retratos y paisajes desde muy joven. Nos contó que llevaba poco tiempo casado cuando el “hermano número uno”, Pol Pot, tomó el poder en 1975, convirtiendo a Camboya en un gran campo de trabajos forzados, y en nombre de una gran revolución agrícola vació las ciudades y arrestó y condenó a muerte a todo supuesto enemigo del régimen.

Como al resto de los detenidos del S-21, durante días y noches Nath fue sometido a  torturas físicas, a un duro régimen de interrogatorios y obligado a rendir completa devoción al gran líder. Los guardias tenían menos de 15 años y habían sido entrenados para ejercer el terror, exigiendo respuestas a personas calificadas de enemigas por pintar, llevar gafas o entender de literatura o medicina.

Mujeres y niños, campesinos, obreros, científicos, maestros, políticos, figuran en la extensa lista de las más de 14.000 personas que fueron torturadas y asesinadas en esa cárcel convertida en Museo del Genocidio.

“No proponemos revancha ni pedimos compensación, pero sí algo que estamos esperando cada día, y es la responsabilidad de los asesinos; que tengan conciencia de lo que han hecho. Todavía hoy ellos creen que aquello no fue un crimen”.

En una ocasión Nath se encontró con algunos de sus verdugos; los miró a los ojos y les preguntó por qué razón fueron capaces de cometer aquellos crímenes. “¿Qué hacían con los niños?”, inquirió Nath a uno de ellos, “los matábamos a todos; era la orden”, le contestó el antiguo guardia. “Nunca hemos recibido justicia de los tribunales; el resultado: sufrimiento, cansancio y una vida dolorosa hasta morir”, insistía.

En 2009, el tribunal especial apoyado por la ONU comenzó el juicio al maestro y militar Kang Kek Ieu, responsable del S-21, cuyo edificio había albergado paradójicamente una escuela de secundaria. Allí todavía se encuentran las pinturas de Nath, quien murió el año pasado sin que el tribunal condenara al responsable del S-21.


En la imagen, una de las pinturas realizadas por Vann Nath al finalizar la dictadura de Pol Pot.
Texto: Gabriel Díaz, responsable de publicaciones de Global Humanitaria