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A Esaul le ayudó ser un niño apadrinado. Ahora, con 18 años, ayuda  a otros niños en Tumaco.

Testimonio niño apadrinado Esaul. Tumaco, Colombia

Esaúl Cadena tiene 18 años y sigue sus estudios de bachillerato. Y también construye espacios para la paz. Participa en la iniciativa Semilleros, de la educadora física Antonia Cortés, en la que a través del teatro, música, danza, y el deporte incentivan a los niños de Tumaco a salir adelante. La guerrilla y los narcos hacen dificil el desarrollo local y que las familias prosperen. Los niños y los jóvenes son facilmente reclutados sobre todo si no tienen recursos ni formación para afrontarlo.

Esaúl se acuerda muy bien del día en que técnicos de Global Humanitaria llegaron a su escuela buscando a los profesores porque querían ayudar a los niños.Tenían que rellenar un formulario con su nombre y el de sus papás. Y pocos meses después llegaron los primeros kits escolares: “Fue un momento muy alegre, porque en la situación económica de uno, hasta eso nos falta”. “Yo recuerdo que había que hacer mucha fila, y cuando se lo entregaban cada quien salía corriendo y saltando. Íbamos para la casa y todo el mundo contento con su bolso, cuadernos, lápices… “

Para Esaúl, los refrigerios que se distribuían “eran muy importantes, porque a veces no había suficiente para comer, y más o menos llenaba ese espacio.” “Cada dos o tres meses nos hacían blanqueamiento dental, nos daban purgantes, lombriceras y cepillos dentales".

Pero sin duda, el mejor recuerdo es el de la relación con su madrina. “Uno de los momentos mas felices fue cuando mi madrina me regaló un balón porque yo siempre estaba obsesionado con el fútbol. Lo recibí a las 4 de la tarde y de una me fui a la cancha y jugué y jugué como hasta las 9 de la noche hasta que me fueron a sacar de la cancha. Fui muy feliz. Todos mis amiguitos también jugaron.

En ese momento uno no tiene amor por la educación, uno sólo va al colegio. Pero ahora me doy cuenta que esos son los recuerdos que hacen que uno luche, saber que hay personas que quieren que uno salga adelante”. Y recordando a su madrina nos dice que: “cuando las personas hacen ese tipo de donaciones, más allá de que den las cosas, es el amor con que lo hacen. Ellos saben que hay muchas personas que necesitan de su apoyo, son personas comprometidas con la educación y con la humanidad. Quiero agradecerle a ella donde quiera que esté”.

Hoy Esaúl revierte lo recibido y aprendido a través de diferentes iniciativas buscando cambiar las condiciones de vida de otros niños. “Nosotros cuando vamos a reuniones con ellos siempre les llevamos un refrigerio, aunque sabemos que eso no es gran cosa, a veces es muy importante. Yo lo sé, porque yo lo viví.”

Imagen: Esaúl en Tumaco, Colombia (Global Humanitaria)

 

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