Acuerdo histórico en la OIT para acabar con las peores formas de trabajo infantil

El pasado 4 de agosto se completó por fin, con la adhesión de Tonga, la ratificación de todos los Estados miembros de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) del Convenio sobre las peores formas de trabajo infantil, por el que se comprometen a adoptar medidas urgentes para conseguir la prohibición y la eliminación de prácticas intolerables, como la esclavitud, la explotación sexual y las labores peligrosas para los menores de edad.

Han hecho falta 21 años desde su redacción, en 1999, para que los 187 Estados miembros conviertan este convenio en el primero en ser ratificado por todos los integrantes de la OIT en sus más de 100 años de historia. Un acuerdo histórico que hoy es más necesario que nunca.

Cuando se habla de trabajo infantil, es inevitable pensar en la estrecha relación que existe con el derecho a la educación. Tal y como sostiene UNICEF: “La educación y el trabajo infantil interactúan de forma profunda. El trabajo puede mantener a los niños alejados de la escuela. Al mismo tiempo, la educación de baja calidad conduce, a menudo, a que los niños abandonen la escuela y se pongan a trabajar a edad temprana. Por el contrario, la educación de buena calidad puede mantener a los niños alejados del trabajo. Cuanto más prolongada y de mejor calidad sea la educación, menor será la probabilidad de que un niño tenga que realizar un trabajo nocivo”.

Este tratado pide la eliminación de todas las formas de explotación infantil, incluyendo la esclavitud, la trata o la servidumbre, así como los trabajos forzosos y el reclutamiento en conflictos armados. También exige proteger a los niños y niñas de la explotación sexual, su utilización para la pornografía y la prostitución, y para otros trabajos ilícitos o peligrosos. Situaciones lamentables que no podemos seguir permitiendo en pleno siglo XXI.

En declaraciones al respecto, Guy Ryder, director general de la OIT, afirmó: “La ratificación del Convenio 182 constituye un hito histórico. Pone de manifiesto un compromiso a escala mundial para erradicar de nuestra sociedad las peores formas de trabajo infantil”.

Según estimaciones de la propia OIT, un total de 152 millones de niños en el mundo se ven obligados a trabajar, 73 millones de ellos en labores peligrosas. Aunque este número se ha reducido considerablemente desde el año 2000, cuando había 246 millones, este organismo internacional teme que esta tendencia positiva se pueda invertir por las consecuencias de la pandemia del COVID-19.

El convenio, en su artículo 7, declara el compromiso de los Miembros para adoptar cuantas medidas sean necesarias para garantizar su aplicación, incluyendo la aplicación de sanciones penales o de otra índole, y reconoce el papel crucial de la educación para la eliminación del trabajo infantil. Sólo si los niños, en lugar de trabajar, pueden permanecer ligados a la educación, el ciclo acabará y podrán mejorar las condiciones de vida de las personas más vulnerables.

En lugares como Sunderbans y Murshidabad (La India), Cochabamba (Bolivia) o Vavoua (Costa de Marfil) comprobamos cada día la importancia y el impacto que tienen nuestros programas de refuerzo escolar, apoyo a las escuelas rurales y construcción de infraestructuras para mejorar el acceso de niños y niñas a la educación primaria.

En Global Humanitaria llevamos más de 20 años trabajando para que los niños y niñas permanezcan ligados a la educación y poder cambiar así su presente y futuro, así como el de sus familias y las comunidades donde viven. De esta manera, contribuimos al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible adoptados por las Naciones Unidas en 2015, que tiene como una de sus metas (nº 8.7) “poner fin a todas las formas de trabajo infantil de aquí a 2025”. Porque no solo se deben perseguir las peores labores, es nuestro deber conseguir la erradicación de todo trabajo infantil.

Foto de  Manu Brabo sobre el trabajo infantil.