Bolivia: educar para la vida

En territorio boliviano viven 10 millones de personas, de las cuales 6 se encontraban en condiciones de pobreza en 2007 (Programa de la ONU para el Desarrollo). Bolivia es uno de los países más desiguales de la región en términos de ingreso. Y esta desigualdad se refleja también en términos lingüísticos, ya que el castellano ha prevalecido frente al quechua, aimará o guaraní, entre otros, en distintos ámbitos de la vida pública.

“La lengua aparece como un factor muy importante de posicionamiento social y discriminación”, dice a Global Humanitaria la pedagoga cochabambina Magali Arandia. “Es un proceso duro y complejo, en el que enfrentamos odio y racismo. Las clases dominantes han sido afectadas en sus intereses sociales y económicos y por eso muchos están disconformes. Hay que asumir el cambio que nos permita vivir en un país más justo, con dignidad”, subraya Magali.

El profesor Miguel Vargas, director de educación en el distrito de Tarata, asegura que el modelo de enseñanza ha estado centrado en los intereses de un sector de la sociedad, fundamentalmente urbano, causando pobreza y exclusión a generaciones de campesinos e indígenas. Los contenidos eran ajenos a su realidad y provocaban altos niveles de deserción o falta de interés en las escuelas rurales.

El profesor se muestra confiado en que esto cambie paulatinamente con la instrumentación de la nueva Ley de Educación, en vigor desde diciembre de 2010. Sostiene que es “la gran deuda pendiente de la educación formal en Bolivia”. 

“La ley tiene un enfoque comunitario productivo. Antes sólo se pensaba en las ciudades y no en el ámbito rural. Se pensaba en la clase política y en formar futuros presidentes, diputados, senadores y dirigentes de la banca…Pero la mayor parte de la ciudadanía proviene del ámbito rural. La educación tiene que rescatar esos sectores sociales, porque las zonas rurales y suburbanas también existen”, señala.

Iris Alandia, Responsable de Proyectos Global Humanitaria Bolivia, recuerda que esta ley sostiene: “La educación es de la vida y para la vida”, como un modelo de enseñanza donde se vincula el conocimiento académico con la práctica agrícola, cotidiana y frecuente en las zonas rurales”.

“Hasta el momento hemos tenido una educación enciclopedista ligada a contenidos teóricos, indica Margarita Hermoso, contenidos fríamente estructurados, a veces con ausencia de fines, impuesta por gobiernos de turno que no han tenido en cuenta a las comunidades; la educación ha sido clasista y ha estado alejada de la riqueza cultural e identidad del pueblo boliviano”.

Margarita Hermoso, responsable de pedagogía del departamento de Educación de Cochabamba, cuando se refiere al no reconocimiento de esta pluralidad de naciones, consideración tampoco tenida en cuenta en los planes educativos, manifiesta contundente: “éramos un país alienado”.