La realidad del cáncer infantil en los países desfavorecidos

Seguro que a nadie se le escapa que el 14 de febrero es el día de los enamorados. Más o menos celebrada, es una fecha conocida por todos. Sin embargo, sí que habrá muchos que no sepan que el día siguiente, el 15 de febrero, está también marcado en el calendario por ser el Día Internacional del Cáncer Infantil, y es el lazo dorado el que simboliza la fortaleza de los pequeños pacientes y el apoyo a la investigación contra esta enfermedad.

Este día internacional fue proclamado en Luxemburgo por la Organización Internacional de Cáncer Infantil, para dar visibilidad a esta patología y para mostrar el apoyo a una atención médica óptima para los niños y jóvenes con cáncer, sea de donde sean, y sea cual sea su clase o posición económica.

El cáncer infantil es una patología cuya causa todavía es desconocida. Se calcula que cada tres minutos un niño es diagnosticado de cáncer en algún lugar del mundo, que suman 250.000 nuevos casos anuales. De todos ellos, cerca de 90.000 pierden cada año la batalla contra esta enfermedad que es a día de hoy la primera causa de muerte infantil.

Más pobreza, menos oportunidades

Pero una vez más, no es lo mismo padecer esta enfermedad en un país rico que en un país pobre. En los países desarrollados, las tasas de supervivencia son del 80-90%, es decir, 1 o 2 niños de cada 10 diagnosticados y tratados de cáncer perderían la vida por esta causa. Por fortuna los métodos de diagnóstico y los tratamientos son cada vez más eficaces, por lo que las probabilidades de superar la enfermedad son mucho más altas que en el pasado.

Sin embargo, el 80% de los niños diagnosticados viven en países de bajos ingresos y el índice de supervivencia en estas regiones está alrededor del 20%. Sólo 2 niños de cada 10 diagnosticados sobreviven a la enfermedad.

La importancia del diagnóstico precoz

Estos índices revelan la injusticia de la desigualdad. Según la Organización Mundial de la Salud en los países más pobres se dan muchas defunciones debido a la falta de diagnóstico, a los diagnósticos incorrectos o tardíos, a la falta de medios y a las dificultades para acceder a la atención médica, al abandono del tratamiento, a la muerte por toxicidad y a una mayor tasa de recaída. Es decir, la falta de medios provoca que muchos niños no reciban la atención que necesitan para proteger su salud y curarse.

Vemos así, que el círculo de la pobreza afecta al cumplimiento más básico de los derechos esenciales, en este caso el derecho a la salud y a la vida.

Un plan para reducir la mortalidad

La Organización Mundial de la Salud puso en marcha hace dos años un programa contra el Cáncer infantil, a través del cual se propone lograr en 2030 una tasa de supervivencia de al menos el 60% de los casos de todo el mundo. Lo harán a través de asistencia técnica y apoyo a los gobiernos para que mejoren sus programas dedicados al cáncer infantil, facilitando el acceso a medicamentos y tecnologías esenciales, entre otras cosas.

Se trata de un gran reto el que se propone la OMS, pero todos los esfuerzos son pocos para que ningún niño pierda la oportunidad de curarse por causas económicas y circunstanciales. Todos los niños con cáncer tienen derecho a la vida, a tener una existencia normal, con acceso a la educación, al juego y por su puesto al tratamiento necesario para afrontar la enfermedad.

Imagen: Sasin Tipchai