Los pueblos indígenas, la resiliencia y la respuesta al Covid-19

El 9 de agosto se celebra el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, una conmemoración que nació hace más de 25 años con el objetivo de recordar a estas comunidades, su idiosincrasia y sus desafíos. Si el año pasado este día se dedicó a las lenguas indígenas, en este 2020 el tema elegido ha sido su resiliencia ante la crisis sanitaria del Covid-19.

Compuestos por 370 millones de personas en más de 90 países, según datos del Banco Mundial, los pueblos indígenas suponen el 5 % de la población mundial. Sin embargo, representan el 15% de las personas que viven en pobreza extrema. En el contexto actual, esta situación de vulnerabilidad, que afecta a todos los aspectos de su vida, también está influyendo en su mayor exposición a las consecuencias derivadas de la crisis sanitaria.

Según datos de las Naciones Unidas, más del 86% trabajan en la economía informal, por lo que no tienen ningún tipo de protección social. Por eso, la paralización de la actividad económica y la pérdida de ingresos les afecta más. Además, la mayoría de estas poblaciones no tienen acceso a atención sanitaria adaptada culturalmente ni a información sobre el Covid-19 en su idioma.

Los niños, que han visto suspendidas sus actividades escolares y que no tienen los medios ni el apoyo familiar para poder continuarlas telemáticamente, y las mujeres, dedicadas en su mayor parte a actividades tradicionales que se han visto paralizadas, están siendo los colectivos más afectados en esta crisis.

Igualmente, la inseguridad alimentaria que muchas comunidades afrontan como consecuencia principal de la pérdida de sus tierras y medios de vida tradicionales, se ve agravada por la enfermedad, el aislamiento y la dificultad de trabajar las tierras y comercializar sus productos agrícolas. Lo hemos podido ver en las comunidades con las que trabajamos en lugares como Puno (Perú), donde desarrollamos un proyecto de apoyo a la agricultura familiar, o en Petén (Guatemala), donde trabajamos para favorecer la seguridad alimentaria de los niños de las comunidades Maya Q’eqchí.

Sin embargo, a pesar de esta situación desfavorable, las comunidades indígenas han demostrado ser muy resilientes. Sus estilos de vida tradicionales han sido durante siglos una fuente de adaptabilidad a las circunstancias cambiantes y lo están siendo también en el caso de la crisis sanitaria. Están buscando sus propias soluciones a esta pandemia, tomando medidas como el aislamiento voluntario y utilizando los conocimientos y prácticas tradicionales para luchar contra la enfermedad.

Durante siglos, los pueblos indígenas han actuado como guardianes de los recursos naturales del planeta. De hecho, los territorios donde viven albergan el 80% de la biodiversidad del mundo. Estas comunidades siempre han conocido la relación entre la degradación del medio ambiente y la aparición de enfermedades.

Por eso, como recomiendan los organismos internacionales como Naciones Unidas o FAO, hoy es más necesario que nunca tener en cuenta las especiales circunstancias de estos pueblos para poder garantizar su seguridad, pero también hacerlos partícipes de la respuesta al Covid-19. Porque son poblaciones especialmente vulnerables, pero también porque sus conocimientos tradicionales y su relación con el mundo natural pueden resultar claves en la lucha contra esta crisis y para reducir el riesgo de futuras pandemias.